"Muchos fueron los días sin ver a nadie, atravesando sierras, hasta toparse con aquellos tres. Y observaron que eran extranjeros porque gesticulaban extrañamente y parloteaban en otra lengua. Pero Sancho los entendió al instante mirando sus escarpines y oliendo que los traían repletos de caldo. En un suspiro bajó la gloria al valle, y en un guiño, las viandas de aquella avanzadilla. Cuatro veces dieron lugar para ser empinadas las botas; y la quinta no fue posible porque ya estaban más tiesas y secas que el esparto.
Resignados, se durmieron. Y soñó Sancho que vino el criado con una pellica de media arroba de albariño. Y que, una vez saciado su estómago, el espíritu de su alma era reverenciado..., y harmonizaba con la materia de su cuerpo, y que todas las cosas eran livianas. Y ya regresada su alegría, se atrevió y convenció a los forasteros hasta de haber ínsulas en tierra firme".
JMRL.
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