Era templada y fina la madrugada de aquella noche de otoño. Mi señor y yo, agazapados,
dormíamos abrazados a unos peñascos calentados por la lumbre. Mas
escucharle hablar en sueños sobre su amada Dulcinea me desvelaba. Era tanto su sentimiento que me supe incapaz de sacarlo de aquel
hechizo. ¿Cómo pudiera ése hombre, que jamás recibió amor o
correspondencia de aquella dama, expresara tal suerte de afectos, emociones,
pesares y dolor, alucinaciones o espejismos, fantasías y
especulaciones; antojos, delirios, ilusiones, ofuscación y quimeras, fascinación,
deslumbramiento o utopías, por una señora que yo sabía llamarse Aldonza
Lorenzo?
Y así decía de tal suerte: "¡Oh mi amada Dulcinea, que verte hube aquel
día con tal gracia a mis ojos que paralizado quedé! "Y como no pudiera
existir árbol sano sin hojas en primavera, o desprovisto de frutos en
verano; o cuerpo sin alma..., no se debe tampoco otorgar licencia para caballero andante sin
amores". "Y tan propio o natural les es a los tales ser
enamorados, como al cielo nocturno tener estrellas. Porque seguro no se compuso trova o copla de caballero andante sin amores, ya que, por el caso que estuviese sin ellos, no sería tenido por legítimo
caballero, sino por bastardo, y que entró en la fortaleza de la
caballería dicha, no por la puerta, sino por las bardas, como salteador y
ladrón.”
"Y que las damas queridas les alimentan de fuerzas sobrenaturales y hasta los ubican fuera
de los límites comunes o mundanos".
Y todas estas cosas las cascaba sin balbuceos ni tartajas. Y sé que estaba dormido porque al tiempo que acariciaba la alforja, baboseaba la silla, o a la contra. ¡Válgame dios!
Así que, lejos de sacarlo de su sueño, me arropé y utilicé el temple de su cultivada, armoniosa y apacible voz, asemejando los cuentos que nunca me contaron. Y tomaba lección de expresiones y de sentimientos. Y se me hinchaba el pecho por agrandarse mi corazón. Y supe, que de no haberme embarcado en aquella aventura, jamás hubiera podido conocer tales efectos y afectos. Ni saber de lo infinito del alma. Y por ser su tono como la miel, dormí dulcemente,
casi mecido, como un junco por el viento en primavera.
JMRL. de su 3ª parte inédita del Quijote.
https://youtu.be/Bu-rPKwicLU
https://youtu.be/Bu-rPKwicLU
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