domingo, 9 de diciembre de 2018

Aquellas yerbas

Fueran tantísimo doblegados los huesos de aquel famoso y valiente caballero, que el cansancio y la flaqueza dejaron de fundamentar la carne a la que sustentaban para acabarle. Pero a tales apatías y desasosiegos, que son los demonios de la virtud, resisten las almas nobles y cultivadas. Así que, viéndose de tal manera, sin bajarse del rocín, sacó de su alforja alguna que otra yerba que recolectó en La Sierra de Gredos, y tan solo con entrarlas en la boca advirtió que volvían sus muelas y dientes huérfanos todos ellos. Y comenzó a masticarlas. Al cabo notó que el espíritu propio, que le abandonaba, ya venía a sincronizarse con la materia de su cuerpo... Y sintió regocijo y alegría porque le llegaba energía con aquel nutrimento. Y tanto de divino fue aquel momento, que ensanchado su pecho, bajó de su caballo y corrió en ayuda de Sancho por verlo casi muerto y arrastrado por el jumento.


 https://youtu.be/xSM2d7B5SGo
JMRL III parte.



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