domingo, 9 de diciembre de 2018

La coherencia

"Tras cinco horas de cabalgar en silencio, siquiera avanzaron dos leguas. Y plácida era la calma. El hidalgo por delante y el borrico mosdisqueando la cola del rocín. Y así pasó otra hora... De pronto, el caballero, partió en dos aquella tierra, en uno de esos arrebatos que suelen considerarse de locura por los vulgares; y lo hizo con la única virtud que separa al hombre de las bestias: la palabra. Así fue que tiró la adarga y levantó su mano izquierda clamando al cielo: <tal como medimos la distancia en leguas, varas y codos o el peso en arrobas, libras, cuarterones y onzas. La superficie en fanegas, cuartillos y celemines. Y al vino en quintales y arrobas..., ¡hubiéramos también de establecer esta consideración de medida al alma nuestra! Y a esta unidad de medida de las almas yo la llamaré coherencia. Que así según el grado, el desprovisto de ella es un indeseable y mucho peor que un animal que solo se gobierna por el instinto>.
Al cabo tiró la lanza y levantó la diestra juntándose ambas manos en el cielo con una súplica e imploración, y volvió a gritar: <¡si la legua tiene varas, los quintales arrobas, las arrobas libras, y las fanegas cuartillos... la coherencia habrá de tener sinceridad. Y así, por lo coherente y sincero, podremos catalogar al hombre!>.
Sancho se encogió de hombros sin entender una palabra. El otro recogió la lanza y la adarga y montó al rocín que ahora rumiaba la cola del jumento."

 https://youtu.be/td77c_Aitbo

JMRL. III parte.

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