sábado, 29 de diciembre de 2018

Los tres ruibarbos


Recuerda amigo que prometí contarte mis visiones o desvaríos provocados por aquellas hierbas que comí para alivio de dolores, quejas de mi espíritu, sinsabores de mi ánima o lamentos de mi ser. Y tanto fue que hice mezcla de entre los tres ruibarbos: el chino, el de los monjes y el de labradores, con piñoncillos, romero de virtudes, granos rateros, amargón, achicoria y almirón; con el tártago, la hierba topera o la romaza, que sentía que mis huesos no eran míos y que mis muelas se fueron de esta boca, y prefirieron exiliarse o ser huérfanas. Y que en esa suerte de omisiones hasta me veía fuera del pellejo. Y flotando en el aire, sin peso, y considerando la posibilidad de ser de atar. Mas no quedé chiflado ni lunático, demente, enajenado o grillado, sino que, harto de vida, una vez salvé la tuya.

JMRL



                                        https://youtu.be/HSpeF-Bu26E

                           

lunes, 24 de diciembre de 2018

Kapitán Fanegas

El péndulo


¡Qué patético, sombrío y triste espectáculo nos arrebuja! Ya le dieron cuerda de nuevo al reloj de las dos Españas..., ése viejo, caduco y trasnochado cronógrafo, de maderas podridas, con su maldito péndulo suspendido y oscilante. Y así se nos vienen otra vez las miserias. En ese incesante "tic tac", en ese vaivén contínuo y perenne, fluctuando constante y sempiterno. Ya se encargó la jauría de espabilar a las bestias que habitan en uno y al otro lado de ese milimétrico e invariable desplazamiento mecánico que hacen mover sus engranajes, resortes y agujas.
Y yo creyendo que los españoles ya escarmentamos una vez, y me equivoqué, sin duda por el hechizo de su cadencia, por el hipnotismo de su traqueteo, por el sopor de su campaneo y su modorra agitación.
Ya resucitaron a los monstruos, irracionales alimañas enterradas en las lindes de cada puerto de ese colgante bailarín... ¡Despertáronse!
Ya están aquí otra vez las dos Españas, sin comprender aún que cabalgan a la grupa de ese badajo perverso, embrujadas y poseídas, como Azorines, Rotuneys y Cualquieras (Ramiro de Maeztu), Doctores Tirteafueras (Pío Baroja) o Unamunos; y cada uno de ellos, al trote, desde el lomo del "tic" para desmontar en la orilla del "tac". Y a este veleteo de posiciones lo denominan transformación evolutiva del pensamiento cuando se trata de insignes. A los simples les apodan tiralevitas, oportunistas o desleales. Y a los vulgares, desertores, traidores, pelotas, soplagaitas, abrazafarolas o chaqueteros.
Tengo por fin, que si aquellos eruditos se agitaron, unos de reaccionarios a reformistas, y otros de progresistas a conservadores fue que vieron mieles a cada tramo del balanceo pendular del viejo reloj de nuestra singular España.
Y ya, por la paz y la prosperidad de nuestros hijos, y de los hijos suyos, señalar, recriminar y ajusticiar a quienes han venido a desvelar la tragedia y el desastre. A los que están preñando las calles de pánico y delirios. A los que han alterado la convivencia despertando de su letargo a esos monstruos que ya dormitaban olvidados a cada orilla de nuestro desalmado péndulo.

JMRL.

A media legua de Salamanca

A media legua de Salamanca, siendo mediodía, pudiera ser la fecha de San Laureano patrono de famélicos y hambrientos.  Viendo Sancho los contornos de la ciudad, imaginaba salchichones donde las torres de la antigua muralla. Y caían lagrimones por su mejilla como al perro del amo jamonero. Al otro le sonaban las tripas con estridencias idénticas a la tamborrada de San Sebastián y empezó a hablar por disimulo: "¡Mira necio, que las murallas ya no existen! y hace siglos fueron derruidas por algún encantamiento diabólico; y sabes bien que no me fío del cabrón del mago Frestón que tiene más de diez siglos. Almanzor la tuvo asediada por diez años y sabiendo no poder doblegar la voluntad de los salmantinos, a buen seguro recurrió a magias y encantamientos. Todo sea que cuando yo entre en ella, los descubra, los señale y los aniquile quedando esta ciudad libre de tales brujerías y maleficios".
Así que apresuraron a sus bestias, que éstas sí que estaban bien comidas, y fueron llegando y entrando.  Y había un mercado con tanta algarabía que se hacía imposible seguir montado. Viendo un establo se acercaron y vino el caballerizo pidiendo un ojo de la cara por abrevar y dar pesebre al burro y al rocín. Y notó don Quijote que,  por doquier,  todo el mundo les miraba con extrañeza y que se apartaban de ellos a pesar del bullicio. Sancho, desentendiéndose de Rucio, se alejó parloteando con unos extraños que vestían ropas ajustadas y negras, con media capa partida y alada que les hacía parecer mariposones, y zapatos y sombreros extraños estrechos y altos de tres pisos semejantes a la boñiga de una vaca, dijera Panza. Pero aunque aquellos señores le esquivaban entre risas y chanzas, a Sancho le daba igual por no sentir peligro, por su intención de seguir aprendiendo de los comportamientos humanos, por estar divirtiéndose como jamás antes lo había hecho, y por recrearse en aquel cuadro de tanto maricón junto. 
Por otro lado, mientras el escudero se recreaba con un cuadro, el Caballero lidiaba con el de la cuadra, que aún seguía con el cazo puesto. Y haciendo ademán de desenvainar la espada,  le espetó a viva voz: ¡aplícate patán y follaliendres, que no sé los días que habrás de mantenerme al burro y al rocín! ¡Que vengo acá por mandato divino a desinfectar esta ciudad de maleficios! Por lo que el muchacho, aterrorizado, soltó riendas y salió al trote. Y no gustando mucho tal discurso empezaron a lloverle piedras a nuestro héroe y alguna que otra manzana y tomate. El de la Triste Figura se incó de rodillas, cogió una manzana del suelo y se levantó alzándola para que todos la vieran. Y dijo de esta manera: esto es lo que hace un Caballero ante vuestra insolencia sustentada por la ignorancia. Y de bocado y medio devoró la manzana. Y así lo hizo otro par de veces, y un tomate fue de postre. Y no más por que el resto piedras eran.

JMRL. Tercera parte inédita.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Armiño

"Cuentan los naturales que el armiño o arminio es un pequeño animal de pelaje extraordinario, suave, delicado y blanquísimo en los inviernos. Y propia es su devoción por mantenerse siempre limpio, acicalado, pulcro y reluciente. Que por eso fue acosado durante siglos, cruel, despiadada y severamente. Que cuando quieren capturarle los cazadores, usan deste artificio:
Que sabiendo tiempo y sitio por donde suele pasar y acudir, después de ojearle le encaminan hacia aquel lugar, hasta descubrir su madriguera. La atajan con barro fresco y lodo para que se manche... Así cuando el armiño llega al fango, se está quedo, indolente, inactivo, inmóvil, inanimado, inerte, inane, indiferente, pasivo, desidioso y casi yerto. Y se deja prender y cautivar por los perros, a trueco de no pasar por el cieno, o perder ni ensuciar su blancura, que la estima en más que la libertad y la propia vida..." 
Durante siglos este animal fue duramente perseguido por su extraordinario pelaje. La devoción de los armiños por mantener su pelo siempre limpio y reluciente permitió que los cazadores de pieles desarrollaran técnicas innovadoras para atrapar a estos ágiles animalitos. Al salir de cacería, acompañados por sus perros, los cazadores tapaban las madrigueras con barro fresco. Los armiños al llegar a ellas, no se animaban a trasponerlas para no ensuciar su pelaje y eran atrapados por los perros.

JMRL.

A caer de un burro

"Ese Rucio tuyo, que he de llamarlo por su nombre, me mira tan altivo y honrado que le tengo aprecio. De noche se suelta y explora los contornos, que ya lo vi. Despotrica inventando juegos solitarios. Va y viene, y llegando el alba acude y me sacude. Y me despierta para seguir caminos. Por eso sonrío cuando te desmonta y te tira al suelo. ¿Acaso soy loco al pensar que no son bestias? No me extraña la historia del labrador que perdió la cabeza por casi matar a palos a uno terco que dejó de faenar, por volverse el jumento harto de recibir palos y decirle a viva voz: ¡Toda una vida labrando juntos, sacando sustento para tus hijos, y a golpes me lo pagas...! Y salir corriendo de espanto el amo y su can tras él, por escuchar hablar al pollino, hasta pararse cansados. Y, recobrado el aliento, oir al perro también exclamar: ¡mi señor, vaya susto nos dió el burro!"

JMRL

Sin ver a nadie


"Muchos fueron los días sin ver a nadie, atravesando sierras, hasta toparse con aquellos tres. Y observaron que eran extranjeros porque gesticulaban extrañamente y parloteaban en otra lengua. Pero Sancho los entendió al instante mirando sus escarpines y oliendo que los traían repletos de caldo. En un suspiro bajó la gloria al valle, y en un guiño, las viandas de aquella avanzadilla. Cuatro veces dieron lugar para ser empinadas las botas; y la quinta no fue posible porque ya estaban más tiesas y secas que el esparto. 
Resignados, se durmieron. Y soñó Sancho que vino el criado con una pellica de media arroba de albariño. Y que, una vez saciado su estómago, el espíritu de su alma era reverenciado..., y harmonizaba con la materia de su cuerpo, y que todas las cosas eran livianas. Y ya regresada su alegría, se atrevió y convenció a los forasteros hasta de haber ínsulas en tierra firme".

JMRL.

Hablando en sueños

Era templada y fina la madrugada de aquella noche de otoño. Mi señor y yo, agazapados, dormíamos abrazados a unos peñascos calentados por la lumbre. Mas escucharle hablar en sueños sobre su amada Dulcinea me desvelaba. Era tanto su sentimiento que me supe incapaz de sacarlo de aquel hechizo. ¿Cómo pudiera ése hombre, que jamás recibió amor o correspondencia de aquella dama, expresara tal suerte de afectos, emociones, pesares y dolor, alucinaciones o espejismos, fantasías y especulaciones; antojos, delirios, ilusiones, ofuscación y quimeras, fascinación, deslumbramiento o utopías, por una señora que yo sabía llamarse Aldonza Lorenzo? Y así decía de tal suerte: "¡Oh mi amada Dulcinea, que verte hube aquel día con tal gracia a mis ojos que paralizado quedé! "Y como no pudiera existir árbol sano sin hojas en primavera, o desprovisto de frutos en verano; o cuerpo sin alma..., no se debe tampoco otorgar licencia para caballero andante sin amores". "Y tan propio o  natural les es a los tales ser enamorados, como al cielo nocturno tener estrellas. Porque seguro no se compuso trova o copla de caballero andante sin amores, ya que, por el caso que estuviese sin ellos, no sería tenido por legítimo caballero, sino por bastardo, y que entró en la fortaleza de la caballería dicha, no por la puerta, sino por las bardas, como salteador y ladrón.” "Y que las damas queridas les alimentan de fuerzas sobrenaturales y hasta los ubican fuera de los límites comunes o mundanos".  
Y todas estas cosas las cascaba sin balbuceos ni tartajas. Y sé que estaba dormido porque al tiempo que acariciaba la alforja, baboseaba la silla, o a la contra. ¡Válgame dios! Así que, lejos de sacarlo de su sueño, me arropé y utilicé el temple de su cultivada, armoniosa y apacible voz, asemejando los cuentos que nunca me contaron. Y tomaba lección de expresiones y de sentimientos. Y se me hinchaba el pecho por agrandarse mi corazón. Y supe, que de no haberme embarcado en aquella aventura, jamás hubiera podido conocer tales efectos y afectos. Ni saber de lo infinito del alma. Y  por ser su tono como la miel, dormí dulcemente, casi mecido, como un junco por el viento en primavera.
JMRL. de su 3ª parte inédita del Quijote.

 https://youtu.be/Bu-rPKwicLU

domingo, 16 de diciembre de 2018

Dolor de muelas

Lejos aún de Salamanca y atravesando la Sierra de Gredos, se convirtió en tormento el orfanato de muela de aquel de la Triste Figura. Así que cabalgaba malhumorado. No comía ni dormía, y Sancho lo observaba despojado de cualquiera aura. A veces desmontaba al rocín y daba vueltas sin sentido, haciendo como que buscara hierbas, pero por encontrarnos entre riscos y peñascales, escarbaba con las manos y tierra comía.  Trastornado desenvainaba la espada y se aporreaba la mandíbula unas con la guarda u otras con el gavilán. Así que, midiendo con cautela mis pasos conseguí este discurso para don Alonso (que habré de llamarle don y tenerle reverencia porque, a pesar de que barrunto su falta de juicio, siempre fue gentil y generoso con los míos, honrado y de palabra; y me nombrará gobernador de docenas de ínsulas): «mi señor, no se altere y comprenda, que aunque conocí penas, aflicciones y congojas, disgustos, estafas y resentimientos... Angustias, lamentos y pesadumbres, duelos, sinsabores, molestias, torturas, incomodidades, padecimientos y males, sólo supe de dolores por una prima alcahueta de mi Sancha Teresita, que prefería parir mil veces más de las ocho que ya parió, antes de pasar una sola noche en vela por culpa de  diente o muela. Así que, ármese de valor, acábese la bota sin remilgos y déjeme acudir al asunto». Siempre tuve destreza con tenazas, hierro y fuego, pero más la tuvo mi señor en acabarse el vino, convirtiendo y hasta transfigurando la causa en la madre de todas mis guerras. Le abrí la boca cuanto quise, porque estaba inconsciente, y el hedor de su aliento, mientras le arrancaba la muela, me hizo sentir compasión por la pobre Dulcinea.
Así que tuvo comportamiento, como sardina por el mar, aquel noble escudero. Y sea dicho que cualquiera problema o vicisitud en oficio los remediaba, si su enmienda, reparación, corrección, arreglo o medicamento fueran cuerdas o palos; o la conjunción de ambas el menester. O con engaños y novelas. O con historias de labranza y de caza, o de sustos y victorias, o de suerte.
Pudieran adornarse de fábulas los cincuenta días que cabalgaron sin ver alma, con sus noches estrelladas. Como la de aquella en que lobos o perros salvajes y hambrientos desistieron de su acoso, y huyeron entre alaridos por cagarse Sancho. Y que Rucio lo tiró al suelo y salió tras los lobos prefiriendo ser comido.
JMRL. III parte.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Soneto1

Calcular las pautas de estos sonetos
ya viendo que tan difíciles son,
¿qué reto pudiera ser conclusión,
sin considerárseme en un aprieto?

De verlos danzando estos versos, tanto
que bajan la prosa de sus altares
rimando baladas, trovas y cantos,
quedándola a aquella en otros lugares

mucho más discretos pero sutiles...
Poesía es saber, las normas el cuento.
Narrar tus enredos entre raíles

a veces por gracia o por sentimiento,
y siempre enclaustrado entre reglas miles,
¡quisiera y no puedo expresar qué siento!

JMRL.

Galileo

"Eppur si muove" (Y sin embargo se mueve) Galileo.

JMRL.

Que de mi pensar no fuera
lo que el universo inmenso,
para convencerte hubiera
de recitártelo en verso.

Ya perdimos un milenio,
navegar en torno a Orión
por la cruel Inquisición
que aplastaba nuestro ingenio.

Y será que si nos dejan
volveremos a lo nuestro.
Los espacios no se alejan,
arrimándose van prestos.

Que la luz fuera constante
verdadera regla fiel,
es lo mismo que al instante
Galileo fuera aquél,

que a merced de que rodase
un planeta en un burdel,
fuera acaso que tornase
a decirlo en contra de él.

Así fue salvó su vida
retractándose de ser,
no ser mago ni druída,
ni demonio al que vencer.

JMRL.

Aquellas yerbas

Fueran tantísimo doblegados los huesos de aquel famoso y valiente caballero, que el cansancio y la flaqueza dejaron de fundamentar la carne a la que sustentaban para acabarle. Pero a tales apatías y desasosiegos, que son los demonios de la virtud, resisten las almas nobles y cultivadas. Así que, viéndose de tal manera, sin bajarse del rocín, sacó de su alforja alguna que otra yerba que recolectó en La Sierra de Gredos, y tan solo con entrarlas en la boca advirtió que volvían sus muelas y dientes huérfanos todos ellos. Y comenzó a masticarlas. Al cabo notó que el espíritu propio, que le abandonaba, ya venía a sincronizarse con la materia de su cuerpo... Y sintió regocijo y alegría porque le llegaba energía con aquel nutrimento. Y tanto de divino fue aquel momento, que ensanchado su pecho, bajó de su caballo y corrió en ayuda de Sancho por verlo casi muerto y arrastrado por el jumento.


 https://youtu.be/xSM2d7B5SGo
JMRL III parte.



Antigua

Cuenta una leyenda que en el principio de los tiempos se reunieron en la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres. Cuando el Aburrimiento hubo bostezado por tercera vez, la Locura, protagonista de nuestra historia, les propuso: - "¿Jugamos al escondite?" La Intriga levantó la cara cautelosa, y la Curiosidad sin poder refrenarse, preguntó: - "¿El escondite? ¿Y cómo es eso?". - "Es un juego"- explicó la Locura-, "en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón, mientras ustedes se ocultan. Y cuando yo haya terminado de contar, el primero al que encuentre, ocupará mi lugar para continuar el juego". El Entusiasmo incontenible, daba palmas, agitaba los brazos y saltaba vivaracho guiñando los ojos, y enseguida se halló secundado por la Euforia y la Alegría, y dió tantos saltos que terminó por convencer a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar. Se dice que la Verdad prefirió no esconderse. Para qué, si al final siempre la hallaban. La Soberbia opinó que era un juego idiota, (en el fondo, lo que le molestaba era que la idea no había sido suya.) Y la Cobardía, vestida de su traje perenne y eterno, amagaba mil veces para alejar a la Vergüenza. Por más que lo intentó, no fué capaz y optó por no arriesgarse ahora. Ya habría tiempo para ello. En lo más profundo de su corazón le atormentaba la idea de un Camposanto repleto de valientes. La Vergüenza, conocedora de cualquiera subterfugio y falsedad de esta Cobardía sintió la necesidad de aplastarla. Aunque la verdad es que le daba rubor llevar a cabo cualquiera determinación. Uno, dos, tres... comenzó a contar la Locura, ella que llenaba de cariño nuestra tierra...
La primera en emboscarse fue la Pereza que, como siempre, se dejó caer tras la primera piedra del camino. La Fe subió al cielo, y la Envidia se agazapó tras la sombra del Triunfo, que con su propio esfuerzo, incansable y constante trepó hasta la copa del árbol más alto. La Generosidad casi no alcanzaba a ovillarse; cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus compañeros: que si un lago cristalino... ¡ay, ideal para la Belleza! Que si la oquedad de aquel árbol milenario... ¡perfecto para la Timidez! Que si el vuelo de una mariposa, lo mejor para la Voluptuosidad! Que si una ráfaga de viento... ¡Magnífico para la Libertad! Así que terminó por encogerse tras un rayito de sol que hiciérala quemarse. Y sintió la satisfacción de haberlo dado todo.  El Egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio. Ventilado, cómodo, fresco y repleto de provisiones. Eso sí, sólo para él.
La Mentira se internó en el fondo de los océanos (¡mentira pues en realidad se esfumó detrás del arco iris!) y la Pasión y el Deseo dentro del más furioso de los volcanes. El Olvido... ¡no recuerdo nada!... pero no es lo importante.
Cuando la Locura contaba 999999, el Amor aún no había encontrado asiento ni refugio, pues todos se hallaban ocupados. Hasta que divisó un rosal en la lejanía y enternecido decidió cobijarse entre sus ramas. - "¡Un millón!"-, contó la Locura y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la Pereza, sólo a tres pasos tras una piedra. Después escuchó a la Fe, discutiendo con Dios en el cielo sobre teología. A la Pasión y al Deseo los sintió en el vibrar de los volcanes. En un santiamén halló a la Envidia, y obviamente pudo deducir donde estaba el Triunfo. Al Egoísmo no tuvo ni que buscarlo. Salió a toda prisa y desesperado de su madriguera que había resultado ser un nido de avispas. Y su prima la Ignorancia conoció el porqué de aquel sitio tan ignoto. De tanto caminar doña Locura sintió la sed del peregrino,  y al acercarse al lago para saciarse descubrió en él a la Belleza. Y con la Duda resultó más fácil todavía, adivinándola graciosamente sentada sobre una cerca sin decidir aún en qué lugar guarecerse.
Y de esta manera, uno por uno, fue sacando a todos. Al Talento lo intuyó entre la hierba fresca y a la Angustia sucia y maloliente en una obscura cueva. La Mentira parece ser se hallaba detrás del arco iris... (¡mentira, porque estaba en el fondo del océano!). Consiguió darle palmaditas al Olvido, para recordarle que estaba jugando al escondite.
Pero sólo el Amor no aparecía por ningún sitio. La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas, en los abismos del mar y bajo la corteza terrestre. Al punto de darse por vencida, la Envidia escupió alborotada que un rosal no era sitio para ocultarse. Y señaló con el dedo la dirección exacta de aquel sentimiento imposible para ella. El Amor estaba tras aquel rosal hermoso por la gracia de su huesped...
Y tan loca como estaba la Locura, cogió una vara de horquilla y, trastornada, apaleó las ramas de aquel frondoso rosal. En eso fué que un desconsolado grito de dolor se escuchó por toda la Terra cuando las espinas hirieron en sus ojos al Amor escondido, y que inmediatamente halló consuelo de aquel tormento echando la Angustia de su infinito corazón. La Locura lamentó profunda e intensamente su error, y no sabía qué hacer para disculparse; lloró, rogó, imploró, pidió perdón, y hasta, de rodillas, juró ser su lazarillo...
Desde entonces, con la Audacia por testigo, desde que, por primera vez, se jugó al escondite en la Tierra, el Amor es ciego, y la Locura por virtud, para pagarle su daño y mostrar agradecimiento, siempre le acompaña.
 
JMRL.

La coherencia

"Tras cinco horas de cabalgar en silencio, siquiera avanzaron dos leguas. Y plácida era la calma. El hidalgo por delante y el borrico mosdisqueando la cola del rocín. Y así pasó otra hora... De pronto, el caballero, partió en dos aquella tierra, en uno de esos arrebatos que suelen considerarse de locura por los vulgares; y lo hizo con la única virtud que separa al hombre de las bestias: la palabra. Así fue que tiró la adarga y levantó su mano izquierda clamando al cielo: <tal como medimos la distancia en leguas, varas y codos o el peso en arrobas, libras, cuarterones y onzas. La superficie en fanegas, cuartillos y celemines. Y al vino en quintales y arrobas..., ¡hubiéramos también de establecer esta consideración de medida al alma nuestra! Y a esta unidad de medida de las almas yo la llamaré coherencia. Que así según el grado, el desprovisto de ella es un indeseable y mucho peor que un animal que solo se gobierna por el instinto>.
Al cabo tiró la lanza y levantó la diestra juntándose ambas manos en el cielo con una súplica e imploración, y volvió a gritar: <¡si la legua tiene varas, los quintales arrobas, las arrobas libras, y las fanegas cuartillos... la coherencia habrá de tener sinceridad. Y así, por lo coherente y sincero, podremos catalogar al hombre!>.
Sancho se encogió de hombros sin entender una palabra. El otro recogió la lanza y la adarga y montó al rocín que ahora rumiaba la cola del jumento."

 https://youtu.be/td77c_Aitbo

JMRL. III parte.

No ha mucho

De aquella tercera del Quijote que escribí no ha mucho:
...¡mi noble y fiel escudero!, cuando te acerques al marginado, mira que no habrás de observarle conductas más extrañas a las de cualquiera otro, de aquellas que parecen estrafalarias, atípicas, extravagantes, estrambóticas o singulares. Esas que los vulgares llaman locuras. Ahí te asaltarán las dudas y habrás de convencerte sobremanera para aproximarte a él... Ya te digo que allí sólo llegan los audaces. Al cabo recibirás agradecimiento y virtud, porque suelen ser sabios y honestos, que utilizan ese ardid de chifladura para alejar a los que no les pusieron la vida fácil. Y apartan a los cobardes e insolidarios, y también a los mentirosos e hipócritas. A los intolerantes que se blanquean. A los que escurren el bulto como gotas de aceite que se guardan. A los de poca honra. A los que no son capaces de abandonar sus sueños por un hermano. A los que no conocen la misericordia. A los que, por intuición o por vicio, inventan y proclaman falsedades del prójimo sin mirarse por dentro. A los que no dan limosna al pobre y luego se hacen llamar solidarios...
Y tal desatino o insania no es barbaridad sino astucia, que, como truco de naipes, le librará de los aparentes. Y con tales amaños, ése hombre considerado trastornado, y que a los ordinarios les parece deambular sin sentido, siempre encontrará un charco para beber y lavarse las manos. Él sabe poner trampas y da por hecho que su conocimiento pudiera ser el juicio de todos, asumiéndolo con recato y moderación. Y observa con paciencia que los otros se vanaglorian por descubrir letras comunes y notorias. Y tan seguro estoy, como de estar cuerdo y por mucho intente lo contrario el cabrón del Mago Frestón, que de llegar el fin del mundo, este inadaptado sobreviviría.

 https://youtu.be/KTSeN1Gn5yQ

JMRL, III.