"Ese Rucio tuyo, que he de llamarlo por su nombre, me mira tan altivo y honrado que le tengo aprecio. De noche se suelta y explora los contornos, que ya lo vi. Despotrica inventando juegos solitarios. Va y viene, y llegando el alba acude y me sacude. Y me despierta para seguir caminos. Por eso sonrío cuando te desmonta y te tira al suelo. ¿Acaso soy loco al pensar que no son bestias? No me extraña la historia del labrador que perdió la cabeza por casi matar a palos a uno terco que dejó de faenar, por volverse el jumento harto de recibir palos y decirle a viva voz: ¡Toda una vida labrando juntos, sacando sustento para tus hijos, y a golpes me lo pagas...! Y salir corriendo de espanto el amo y su can tras él, por escuchar hablar al pollino, hasta pararse cansados. Y, recobrado el aliento, oir al perro también exclamar: ¡mi señor, vaya susto nos dió el burro!"
JMRL
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